Rebordosa, cuyo nombre ya aparece en documentos oficiales de 1258, debe su nombre a la abundancia en su zona boscosa de reboleiros, casta�os silvestres, de los que sal�an casta�as redondas que se llamaban 'rebordans'. Rebordosa también reun�a todas las condiciones geomorfol�gicas favorables para que su territorio fuera abundante en especies lacustres y de tronco alto, principalmente robles, eucaliptos y pinos.
Siendo la madera el material por excelencia para la fabricaci�n de muebles, debido a sus propiedades mec�nicas (maleabilidad, densidad y resistencia a la putrefacci�n) era una condici�n importante para que germinara la industria del mueble.
Uniendo la proximidad a la materia prima con la proximidad al r�o Ferreira, fue posible el surgimiento de aserraderos de madera con recurso a molinos de agua. Esta técnica hizo posible la transformaci�n de troncos en tablas. A partir de finales del siglo XIX, la ebanister�a se convirti� en una actividad cada vez m�s predominante, transmitida de generaci�n en generaci�n.
La industria del mueble en Rebordosa era familiar, ya que todos trabajaban en peque�os talleres, situados normalmente en la planta baja de sus propias casas. Los hombres se encargaban de la manipulaci�n y transformaci�n de la madera, mientras que las mujeres se encargaban de la distribuci�n de la producci�n. De este escenario result� la figura de las 'carreteiras', que transportaban sobre sus cabezas y espaldas, a pie, las piezas de mobiliario producidas hasta la estaci�n de ferrocarril, Valongo e incluso Oporto.
Esta industria arraig� en Rebordosa de tal manera que a�n hoy sigue siendo responsable del empleo de gran parte, directa o indirectamente, de la poblaci�n activa. La creciente utilizaci�n de mano de obra cualificada y el uso de tecnolog�a punta han hecho posible que Rebordosa sea reconocida m�s all� de sus fronteras.